El mundo católico convergerá estos días en Dublín, en el 50º Congreso Eucarístico internacional. El tema propuesto no puede ser más sugestivo; en un mundo tan fraccionado y dividido, muchas veces violento y sangriento, viene a proclamarnos que la presencia de Jesús trae consigo la “comunión”.
Pienso que el sueño del Dios-Amor sobre las criaturas, especialmente sobre los seres humanos, se llama “comunión”. No puede ser diversamente; un Dios-Amor engendra hijos e hijas capaces de establecer vínculos y redes en el amor.
Pero, cuánto nos cuesta a los seres humanos, incluyendo a quienes nos decimos creyentes en Jesús, asumir y expresar el amor y la comunión. No es consuelo, pero sí es aleccionador saber que desde las primeras comunidades cristianas costó encarnar la comunión y por tanto vivir el realismo de la Eucaristía. El texto de 1Co. 11,17 ss lo dice.
